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Mi superpoder: soy bilingüe

En esta era de películas de superhéroes (Marvel o DC, no vamos a tomar partido por unos u otros…) a quién no le gustaría poder volar o mover cosas con la mente, ¿verdad?Bueno, volar no puedo a menos que me saque un billete pero tengo otro Superpoder: soy bilingüe. O trilingüe. O, mejor todavía, políglota (sé más de tres idiomas).

Nuestra generación suerte tenía si podía usar correctamente una o dos lenguas, pero los jóvenes de hoy en día no sólo saben español y catalán, sino que también dominan el inglés y están estudiando alemán, japonés, ruso o chino.

¿Qué supone ser fluido en 2 idiomas o más? Lo más obvio es que tienes un punto por encima de otros que opten al mismo puesto de trabajo que tú pero las ventajas son mucho mayores y más abundantes de lo que piensas. Sigue leyendo y lo descubrirás.

Mi cerebro cambia

La flexibilidad de poder cambiar de un idioma a otro con facilidad es aplicable a otros procesos mentales. De ahí que una persona que es bilingüe tiene mayores capacidades para resolver problemas y se adapta más rápidamente a los cambios ;  como constantemente su cerebro está decidiendo qué idioma usar, tomar decisiones se convierte en un proceso más rápido.

Además, las personas bilingües tienen más capacidad de concentración, son buenos distinguiendo patrones y diferencias (encuentran errores e identifican pautas más rápido) y tienen menos probabilidad de contraer demencia.

 Yo también cambio

‘Saber un segundo idioma es poseer una segunda alma’ decía Carlomagno. No es que el hombre sea mi personaje histórico favorito, pero ahí tenía razón.

Cuando aprendemos una lengua nueva nos abre la puerta a SIGLOS de ideas, historia, referencias culturales y conocimiento del país del que proviene. Cada vez que la usamos nuestro cerebro constantemente nos aporta información extra que luego podemos usar en nuestra vida práctica.

Suena muy filosófico, pero cuando has aprendido varias lenguas y su cultura es muy útil poder usar lo mejor de cada una según te convenga (la disciplina japonesa, la confianza americana, la estructura alemana… son conceptos abstractos que se vuelven muy reales cuando te acostumbras a usar el idioma casi a diario).

El mundo es un pañuelo

Cuando voy a Francia hablo francés, a Alemania alemán, a Japón japonés…. ¿ves la pauta? Si puedo comunicarme en su idioma, las posibilidades de entablar una relación (de negocios, amistad, romántica o puramente de intercambio cultural) se multiplican exponencialmente. El mundo se vuelve pequeño y mi mente (y si quiero mi vida) se abre a nuevas posibilidades.

Como además tenemos la World Wide Web (o sea, Internet) en nuestro bolsillo, puedo mantener esas relaciones vivas cada día, intercambiando impresiones con gente de otras culturas que me aportan perspectivas diferentes. Y mi vida tiene otro tinte, porque la puedo comparar con otras vidas fuera de mi ambiente habitual.

La controversia: cuándo empezar a estudiar un idioma nuevo

Hay muchos estudios sobre el bilingüismo, en los más formales incluso se pone a los sujetos en una máquina de resonancia magnética para ver cómo el uso de una lengua u otra afecta al cerebro humano, etc. Como el cerebro es todavía en su mayor parte terreno desconocido para la ciencia, es difícil poner la mano en el asador y proclamar sin visos de duda que esta edad es la mejor o que cierto idioma es preferible a otro… A falta de pruebas, aconsejo usar el sentido común.

Después de más de 30 años enseñando idiomas (y aprendiéndolos yo también) he podido observar lo siguiente:

• Los niños que han aprendido a hablar en casa y hace ya 2-3 años que usan la lengua (español, catalán o los dos) están preparados para aprender otra. La diferencia será que mientras que con la primera el aprendizaje gramatical fue implícito (repetían lo que oían sin entrar en reglas o normas) con la segunda la gramática será explícita- es decir, habrá que explicarla. Cuanto más claras sean estas explicaciones mejor aprenderán a realizar conexiones y ver relaciones, cosa que les servirá para otros campos de su educación (ciencias, historia).

• La flexibilidad del cerebro disminuye a medida que va pasando el tiempo, con lo que si quieres que tus hijos sean realmente bilingües (cambiar de un idioma a otro con facilidad) no esperes más allá de los 7-8 años o no dará tiempo a que lo aprendan al 100%.

• En mi experiencia personal, aprender un idioma ha cambiado mi proceso de pensamiento mental en todos los casos. Ya sea porque la estructura gramatical es diferente y me obliga a poner mis pensamientos en diferente orden o porque la pronunciación, entonación y gesticulación son diferentes y me hacen expresarme de forma distinta. Si quieres que tus hijos aprendan otros idiomas además del inglés, el castellano y el catalán, investiga las cualidades del nuevo idioma, para entender qué le puede aportar y cuál le iría mejor empezar.

Jennifer R. Justel
Founder of Capitol School

 

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